jueves, 1 de octubre de 2009

Regulación económica

Por Jorge Sarmiento García


Ha destacado el Presidente de la ASIER, doctor Ariño Ortiz, que este año la regulación económica ofrece ricos e interesantes matices a nuestra consideración, dado que sectores como el de la energía, las telecomunicaciones, el agua o el audiovisual, están siendo objeto de actuaciones específicas, en buena medida provocadas por la crisis mundial, y que algunos problemas clásicos de nuestra disciplina, como el de la independencia de los reguladores o la internacionalización de la regulación, han sido una vez más replanteados a la vista del brete, concluyendo en que no cabe duda de que estamos viviendo “tiempos interesantes”.
     Lo manifestado por el distinguido  profesor y los temas que nos reúnen, nos dan pie para sintetizar algunas ideas -no originales- que esperamos puedan ser de utilidad en el desarrollo de las materias de estas Jornadas, pues nuestros “tiempos interesantes” exigen aplicar, a nuestro juicio, los grandes principios de la economía de mercado, especialmente los de regulación, subsidiariedad, solidaridad y competencia.
      En la economía referida las primeras incumbencias estatales son garantizar la libertad -con responsabilidad-, además de un sistema monetario estable y servicios públicos y sociales eficientes.
      La economía de mercado trata de erigir una sociedad auténticamente democrática, con un sistema económico que reconoce lo positivo de la libre creatividad humana en el sector de la economía, pero que al mismo tiempo indica que ésta -y, por ende, la propiedad, la empresa y el mercado- ha de estar orientada hacia el bien común, lo que exige la oportuna intervención de las fuerzas sociales y, subsidiariamente, del Estado.
      Y el bien común, auténtico fin del Estado, también afirma una prudencial ayuda estatal para la realización de los derechos, buscando el perfeccionamiento de las personas en su dimensión material, intelectual y espiritual, es decir, de todos los hombres y de todo el hombre.
      Mas esa intervención debe desenvolverse conforme al principio de subsidiariedad, respetando particularmente el Estado la autonomía de los individuos y asociaciones intermedias, pero -en su justa medida- protegiendo, estimulando, coordinando, e inclusive supliendo.
      En consecuencia, la economía en trato se opone tanto a la estatización de los medios de producción, que reduce al individuo a una pieza en el engranaje de la máquina estatal, como a una concepción del Estado que deja la esfera de la economía totalmente fuera del propio campo de interés y de acción. 
      Por eso, en una auténtica economía de mercado el Estado puede llegar -ponderadamente y por estrictas razones de bien común, sin pillerías- hasta sustituir a los particulares en el empleo de ciertos bienes productivos y en la gestión de ciertos servicios, para asegurar el rendimiento suficiente de esos bienes o servicios; pero ha de administrar los rubros respectivos contribuyendo al mismo tiempo, activamente, a facilitar la capacitación del sector privado, para que este último pueda hacerse cargo de aquéllos, aunque es frecuente que una vez que la sociedad política asume temporalmente una actividad propia de la esfera particular, tiende a no devolverla a ésta, por creer los gobernantes que ha de disminuir su poder de decisión futuro, marginando que el respeto pleno del principio de subsidiariedad es la mayor garantía de la estabilidad política.
      Por otra parte, debe el Estado intervenir según el principio de solidaridad, conforme al cual los individuos, cuanto más indefensos están en la sociedad, tanto más necesitan el apoyo y el cuidado de los demás, en particular, la intervención de la autoridad pública. Es que la justicia sin caridad es insuficiente en el orden social, y la caridad supone a la justicia, porque no está destinada a reemplazarla hipócritamente -cohonestando la injusticia- sino a llevarla a su plenitud. 
      Se ha dicho con razón que en el mundo actual la pobreza tiene como causa principal la exclusión del ámbito de la productividad y del intercambio, habiéndose exhortado a pensar en los pobres en términos de potencial, exigiendo la justicia que ese potencial que tienen reciba la oportunidad de ser aprovechado; también, que en la sociedad libre, es la cultura la principal responsable de fomentar la confianza en el potencial humano de los pobres y, por consiguiente, en su capacidad de mejorar mediante el trabajo, o de realizar una contribución positiva a la prosperidad económica, con lo cual a todas luces se excluye cualquier sistema de ayuda social que fomente la dependencia, el clientelismo, la demagogia…
     Obviamente, lo que llevamos expuesto implica la descalificación del denominado “Estado asistencial”, el cual, no respetando el principio de subsidiariedad, provoca el aumento exagerado de los aparatos públicos, sin preocupación de servir a las personas, con enorme crecimiento de gastos, pérdida de energía humana, etc. Y también se opone al que se ha denominado “capitalismo autoritario”, en el que el gobierno fija no sólo las reglas de juego, sino también los márgenes de ganancia, perdiendo su empresa el productor que enfrenta al poder.
     En cuanto a la competencia, aunque fundamental, creemos que no constituye un lenitivo inexorable para todos los males económicos, sociales y políticos, como también que ella necesita, para cumplir su ordenación al bien común, ética de responsabilidad y regulación estatal. 
     Bien se ha destacado que la empresa privada con competencia libre es un “pluralismo de poder”, aunque debiendo concurrir para esto la personalidad del empresario con su responsabilidad primaria, sus capacidades empresariales, su temple y su voluntad de servicio, cualidades que hace falta acrecentar y defender para que una economía moderna tenga éxito.
      Por lo demás, políticamente una empresa privada diseminada significa siempre un poder también disperso.
     Y podemos afirmar sin hesitación que sin empresa privada y sin competencia, todos y todo se hallan sometidos al monopolio económico y político del Estado, con lo que se vacía la democracia, que implica, en contraposición a tal monopolio, también un pluralismo de poder.
     En orden al bien común, entonces, pensamos se debe concretar lo que postula Cassagne, esto es, que el par de principios de competencia y subsidiariedad introduzcan un límite general al ejercicio del poder regulatorio, en el sentido de que no puede utilizarse para cercenar las libertades de la auténtica economía de mercado, sino en el marco de las técnicas de equilibrio que tienden a garantizar la eficiencia de las prestaciones -que incluye una razonable rentabilidad- y la competencia cuando se dan las condiciones para la afluencia de varios prestadores, así como el interés de los usuarios, el cual incluye, por aplicación del principio de solidaridad, la posibilidad de consagrar una tarifa social.
     Mas nada de esto se logrará sin una dirigencia verdaderamente virtuosa, convencida de que “la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona…, que se funda en la creación del hombre ´a imagen de Dios`, algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales”.

domingo, 27 de septiembre de 2009

“ACTO ADMINISTRATIVO COMO EXPRESION DE PODER”.

Ver en sección doctrina, por  Gabriela Carina Noé.

sábado, 26 de septiembre de 2009

"CUARTAS JORNADAS INTERNACIONALES SOBRE SERVICIOS PÚBLICOS"



"CUARTAS JORNADAS INTERNACIONALES SOBRE SERVICIOS PÚBLICOS"
Mendoza - 29 y 30 de septiembre de 2009
Organizadas por la Asociación Iberoamericana de Estudios de Regulación (ASIER), el Instituto de Estudios de Derecho Administrativo (IEDA), el Colegio de Abogados de Mendoza y las Facultades de Ciencias Económicas y de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo.
Dirección 
ISMAEL FARRANDO, JORGE LÓPEZ, JORGE SARMIENTO GARCÍA Y GRACIELA FOPPOLI DE GHERZI
Asesores Académicos

EDUARDO EMILI – ANDRÉS KOLEDA – JORGE LÓPEZ


Comité  Ejecutivo
LUIS FONTANA - MANUEL LINARES - JULIO CONTRERA - FEDERICO VINASSA

Programa


Día 
29 de septiembre

8:OO a 8:55 hs: Acreditaciones

9:00 hs

Palabras del Decano de la Facultad  de Ciencias Económicas, Jorge López

Palabras de la Subsecretaria de Servicios Públicos de la Provincia, Patricia Martínez
PANEL 1
9,20 Palabras introductorias de JORGE SARMIENTO GARCÍA
Nociones actuales de los servicios públicos y sus efectos en la regulación

9:30 ROBERTO MEDICI (Mendoza - Argentina)
10:00 MARCELO COSTA (Mendoza - Argentina)
Coffee Break

11:00 SEBASTIÁN SEVERINO (Mendoza - Argentina)
11:30 GASPAR ARIÑO ORTIZ (España)

EXPOSICIÓN DE PONENCIAS
Coordinador: ERNESTO BUSTELO

PANEL 2

Independencia de los entes reguladores u organismos de control

16:00 JAVIER MONTORO (Mendoza - Argentina)

16:30 DANIEL RADA (Mendoza - Argentina)
Coffee Break

    17:30 ALBERTO BIANCHI (Buenos Aires - Argentina)
18:00 ISMAEL FARRANDO (Mendoza - Argentina)

EXPOSICIÓN DE PONENCIAS

Coordinador: ANDRÉS KOLEDA

    Día 30 de septiembre
    9:00 hs.
    PANEL 3: Tarifa Social
    9:00 SUSANA LARA (Buenos Aires - Argentina)
    9:30 ALEJANDRO TRAPE (Mendoza - Argentina) 
Coffee Break

    10:30 DANIEL GARRO (Mendoza - Argentina)
11:00 DANIEL NALLAR (Salta - Argentina)
EXPOSICIÓN DE PONENCIAS
Coordinador: MARIANO GIMÉNEZ

PANEL 4: Estatización, privatización, gestión pública, gestión privada


16:00 OSCAR VELEZ (Mendoza - Argentina)

16:30 LUIS BOHM (Mendoza - Argentina)
Coffee Break

17:30 JUAN CARLOS CASSAGNE (Buenos Aires - Argentina)
18:00 ALEJANDRO VERGARA BLANCO (Chile)
EXPOSICIÓN DE PONENCIAS

Coordinador: JUAN MIGUEL DE LA CUÉTARA (España)


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PONENTES INVITADOS

Julio C. Durand (Buenos Aires)- Julio Altamira Gigena (Córdoba) - Gustavo Boullaude (Mendoza) - José Luis Correa  (Mendoza) - Isabelino Rodríguez (Mendoza) Alberto M. Sánchez (San Juan) – Karina Cicero (Buenos Aires)

Auditorio 5 Facultad de Ciencias Económicas
Universidad Nacional de Cuyo 

viernes, 25 de septiembre de 2009




Cuartas Jornadas Internacionales sobre Servicios Públicos

Los días 29 y 30 de septiembre de 2009 se realizarán las "Cuartas Jornadas Internacionales sobre Servicios Públicos". Organizan: La Asociación Iberoamericana de Estudios de Regulación (ASIER), el Instituto de Estudios de Derecho Administrativo (IEDA) y las Facultades de Ciencias Económicas y de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo.

UN GOBERNANTE QUE SUPO RETIRARSE A TIEMPO

COLUMNISTA 

   


POR JORGE H. SARMIENTO GARCÍA




           


UN GOBERNANTE QUE SUPO RETIRARSE A TIEMPO
     
      
Quien fuera rey de estas tierras, el gran Carlos I, abdicó el poder en manos de Felipe II, su hijo, dejándole España, los Países Bajos, el Francocondado, Milán, Nápoles y este inmenso Nuevo Mundo, habiéndole correspondido el imperio alemán la herencia de los Habsburgo a su hermano Fernando (aclaramos, de paso, que esta dinastía nada tiene que ver con el actual e inefable rey Juan Carlos de Borbón).

Aquel hombre, vestido de negro, codicia luego de su renuncia un imperio que no es de este mundo. Al llegar al monasterio de Yuste, ya está desnudo ante Dios.

En efecto, antes había renunciado a la embriagadora posesión del mundo y confesado públicamente sus errores ante príncipes, emperadores y pueblo reunidos en el palacio imperial de Bruselas.

Pero un más alto remordimiento acompañaba al penitente de Yuste, como lo demuestran las últimas líneas que traza y que son un acto de contrición:”Perdóname, Ángel de mi guarda, mensajero del Cielo, consejero y protector, mis desobediencias, mis felonías, mis actos vergonzosos…”.

Su grandeza se condensa cuando abandona, luego de una carrera excepcional, el poder; y bien se ha dicho que su gloria es esa inimaginable penitencia que quiso cumplir, en España, no lejos de las llanadas castellanas, donde soplan los grandes vientos místicos.

Lo que antecede nos anima a expresar la esperanza de que algún día, en nuestra Patria, los gobernantes sepan retirarse a tiempo, simplemente, sencillamente, con la serenidad y la firmeza de quien cree haber cumplido la misión histórica que le ha tocado, con el sublime esfuerzo de vencerse a sí mismo en aras de un ideal superior que haya constituido el noble afán de sus trabajos, aunque fuesen póstumos: el bien común de la República.

Y esto ya lo hizo Don José Francisco de San Martín y Matorras, con el valor extraordinario del hombre eminente, que no temió afrontar el desprestigio y la calumnia, el exilio y la pobreza, con tal de que se lograse lo que constituyó la brega de sus sacrificios y de su vida: la independencia de América.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

LA DECADENCIA DE LA CLASE MEDIA

  



JORGE H. SARMIENTO GARCÍA
 
 




           
 
LA DECADENCIA DE LA CLASE MEDIA


La economía y la previsión son virtudes propias de la clase media, en la cual el deseo de conservar y mejorar la condición propia, mantiene ese progreso que forma la vida y produce las mejoras de la sociedad, y da pábulo a las virtudes domésticas, al espíritu de asociación, al sentimiento de la igualdad, base de la justicia.

El que vive gozando y padeciendo con sus iguales, participando de sus intereses, no se encierra en sí mismo como el opulento, ni como el que vive en la miseria se entrega a la desesperación, sino que busca el provecho propio en el provecho común, y ama a la Patria porque de ella ve depender su prosperidad o decadencia, por lo cual conserva los recuerdos que alientan el valor y alimentan la esperanza.

Pero cuando por razones económicas, por el relativismo moral, por el materialismo y el consumismo, se va perdiendo tan útil clase, el país se va componiendo de ricos opulentos y de pobres, mediando entre estas dos clases el abismo.

Los opulentos fomentan la corrupción y establecen la plutocracia, alimentando el lujo y la voluptuosidad.

La clase pobre, inquieta y revoltosa, amenazadora y tímida, no se agita por conservar sus derechos o por los intereses de la Patria, sino sólo para pedir beneficios y subsidios al Estado, siendo objeto de dependencia, demagogia y clientelismo. Ignorante, sin costumbres, inerme, oprimida por las desgracias, pretende siempre y espera del porvenir lo que el presente no le puede dar. Mira impasible cómo se deshace un orden de cosas que ni teme ni ama y, con odio no pocas veces explicable, puede llegar a despedazar a los que con desconsiderado entusiasmo elevó al poder.

martes, 22 de septiembre de 2009